• Ya funciona en Jefatura el centro que monitorea las 768 cámaras que se instalaron en la vía pública en la ciudad de Córdoba.

  • El trabajo se realiza, sin interrupciones, las 24 horas, todos los días del año. Un grupo de agentes técnicos recibieron una capacitación especial.

Dos pantallas a gran escala. Sesenta y ocho monitores más. Una pizarra en la que figuran las patentes de los vehículos robados en las últimas horas. Dos coordinadores que de manera simultánea van recibiendo todos los reportes que ingresan al 101. Y una multitud de ojos que siguen con concentración lo que las cámaras públicas de vigilancia van captando de manera directa.

La oficina de la Central de Control de Video Operativo está restringida. Sus vidrios, que dan hacia el pasillo de la Jefatura de Policía, no permiten mirar hacia adentro. Tampoco se puede pasar si el lector de huellas digitales no reconoce el dedo.

Los 68 agentes técnicos, que trabajan en turnos rotativos de seis horas diarias, tienen prohibido utilizar teléfonos celulares o cualquier dispositivo de registro electrónico.

La privacidad es una norma. La confidencialidad, una exigencia.

Todas las imágenes se autoeliminan de manera automática a los 60 días de haber sido tomadas, salvo que en ese tiempo alguna autoridad judicial las solicite, según indicó el comisario inspector Víctor Di Stéfano.

El trabajo de estos agentes técnicos (no son policías, aunque fueron capacitados en la Escuela de Policía) consiste en mirar lo que registran las 768 cámaras de seguridad ubicadas en distintos lugares estratégicos de la ciudad de Córdoba.

En avenidas, cerca de colegios

o frente a comercios de grandes dimensiones. También en algunos barrios considerados “críticos”.

Pueden detener el foco en un choque vial. O en un control. El zoom permite detectar con total nitidez una chapa patente a pesar de que la cámara esté a 300 metros. También sirve para monitorear una manifestación. O una persecución.

Toda la vida ciudadana en determinados puntos de la ciudad de Córdoba pasa por el frente de esas cámaras.

Pero no se trata sólo de mirar. Antes del ingreso de cada turno, los agentes forman una fila y allí los coordinadores les explican algunos objetivos particulares.

De esta manera, ya existe una hoja de ruta previa.

En todo 2016, los fiscales cordobeses solicitaron 4.000 horas de filmaciones.

Pero no todo es imagen. También se receptan, en tiempo real, los audios del servicio de emergencias policial 101.

Estas grabaciones tienen una validez judicial importante, además de servir para el control interno de Jefatura.

Por ejemplo, el fiscal Raúl Garzón solicitó a fin de año la grabación original del momento en que los policías de la patrulla anunciaban la detención del subcomisario Víctor Barrionuevo, sospechado de haber asaltado, el 24 de diciembre a la madrugada, una vivienda en barrio Cofico, donde se encontraban reunidos políticos, magistrados y reconocidos abogados, entre otros.

Por los medios de comunicación se había filtrado el audio en el que un policía exclamaba “otra vez el culiado ese”, justo en el momento en que se anunciaba que el detenido era el subcomisario Barrionuevo.

Al principio, se creyó que ese audio se generó en el propio 101, pero en la grabación se comprobó que en esas oficinas nadie exclamó nada.

Lo que se filtró era el registro privado de algún policía que escuchaba la frecuencia policial.

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